¡Eeeh, pibes! El Banco Nación otorgó créditos millonarios a varios funcionarios y allegados de La Libertad Avanza, incluyendo algunos muy cercanos al círculo de Milei. Cuando saltó el escándalo, desde el banco y el Gobierno salieron con excusas de manual: “son créditos normales”, “se ajustan a las políticas crediticias”, “no hay irregularidades” y el clásico “esto ya se hacía antes”. Pero los montos, las tasas preferenciales y la velocidad con la que se aprobaron dejaron más olor a amiguismo que a operación bancaria estándar.
El quilombo arranca con la ironía más grande que un préstamo a tasa cero: el gobierno que llegó prometiendo terminar con la “casta”, la “ñoqui” y los privilegios de la política ahora aparece usando el Banco Nación (es decir, plata de todos los argentinos) para financiar a su propia gente. Mientras ajustan jubilaciones, salarios estatales y gasto social, algunos libertarios consiguen créditos jugosos.
El golpe pega en la credibilidad del “no roben”: esto se suma a los escándalos de Adorni (viajes, country, custodia), el caso Libra y otras movidas que pintan un Gobierno que predica austeridad pero aplica otra vara cuando se trata de los suyos. La defensa de “siempre se hizo” suena especialmente floja cuando vinieron a “cambiar todo”.
Yo, que vi más créditos sospechosos que promesas de campaña, te digo la posta: si los créditos fueron otorgados respetando normas, plazos y garantías, que lo demuestren con papeles. Pero cuando los beneficiarios son funcionarios o personas muy cercanas al poder, la sospecha de favoritismo es inevitable. Equilibrio piola: un banco público puede y debe dar créditos, pero tiene que hacerlo con máxima transparencia y sin olor a amiguismo. Si se confirma que hubo trato preferencial, es una mancha más en el relato de “transparencia total”. Por ahora, las excusas suenan débiles y el bardo sigue creciendo.
¿Creés que estos créditos son normales o puro amiguismo con plata de todos?

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